Empresa Agrícola Despide a Decenas de Migrantes Indígenas que Exigían Pagos Justos

Por Bertha Rodríguez

Fresno, CA. – Alrededor de 60 trabajadores, en su mayoría indígenas triquis de San Martín Itunyoso, Oaxaca, que trabajaban en la poda y amarre de viñedos propiedad de la empresa H&R Gunlund Ranches, localizada en el poblado de Caruthers, fueron despedidos luego de inconformarse por los bajos salarios que recibieron.

Después de una semana de trabajo, el lunes 23 de Noviembre, al recibir sus cheques, los trabajadores descubrieron que el productor de uvas les estaba pagando 6 centavos menos por cada viñedo, en comparación a lo que recibieron durante la última temporada de poda. Es decir, la compañía les dio 20 centavos por cada viña trabajada (15 centavos por poda y 5 centavos por amarre) y sólo recibieron cheques de entre $70.00 a $150.00 dólares a la semana.

El abogado Silas Shawver, de la organización no lucrativa Asistencia Legal Rural de California (CRLA), informó que presentó una demanda contra la empresa ante la Junta de Relaciones Laborares Agrícolas de California (CALRB, por sus siglas en inglés) por prácticas injustas de trabajo y salarios por debajo de lo establecido por la ley.

Durante una conferencia de prensa realizada en las oficinas de la Unión de Ex Braceros e Inmigrantes (UNEI) en Fresno y en la que participaron alrededor de 40 trabajadores despedidos, Shawver dijo que la empresa les pagó por contrato pero calculando el pago en horas, el salario sería de aproximadamente $2.00 dólares la hora, cuando el salario mínimo en California es de $8.00 dólares por hora.

Los trabajadores comentaron que otras empresas pagan hasta 27 centavos por poda y otro tanto por el amarre, por lo que consideran la suma de 26 centavos por ambos trabajos, un sueldo realmente bajo.

“Todos nosotros estamos despedidos”, comentó el indígena Regino Primitivo al explicar ante los medios de comunicación la situación de los trabajadores migrantes entre los que también se encuentran algunos mixtecos, nahuas y purépechas.

Agregó que el lunes 23, al ver sus pagos tan bajos, los jornaleros decidieron dejar de trabajar y pidieron al mayordomo que les pagara por lo menos un salario similar al del año pasado. Sin embargo, éste respondió que quien quisiera trabajar que lo hiciera, y quien no, que no entrara a trabajar en la cuadrilla.

Los trabajadores se congregaron en las afueras del campo de viñedo en espera de una oportunidad de negociar con el patrón. Sin embargo, el propietario de la empresa llamó a un agente del Departamento del Sheriff, quien al llegar al lugar advirtió que los trabajadores no podían estar en el área por ser propiedad privada.

Valentín Patricio, otro de los trabajadores despedidos dijo que el agente del Sheriff comenzó a pedirles una identificación, por lo que muchos de ellos optaron por retirarse inmediatemente del lugar temiendo ser detenidos.

El indígena Zeferino Hernández González, comentó que él había trabajado para la misma compañía durante siete años y nunca antes había enfrentado este problema, el cual coloca a las familias indígenas en una situación sumamente difícil pues muchos de ellos viajan desde áreas distantes como Bakersfield, Mendota, Madera y Fresno, lo cual implica gastos de transporte y comida muy altos que apenas alcanzan a ser cubiertos con el pago que recibieron de la empresa.

Es importante mencionar que la empresa H&R Gunlund opera varios ranchos que se localizan en el Valle Central de California, zona considerada como una de las abastecedoras del mercado de todo el país y la séptima economía a nivel mundial. A pesar de las altas ganancias que reporta la empresa anualmente, los trabajadores reciben salarios inferiores al sueldo mínimo.

Erika Primitivo, de 18 años y quien habla perfecto inglés y español dijo que las familias indígenas están muy tristes por lo que sucedió ya que nunca se imaginaron que por pedir un pago justo por su trabajo, el patrón los iba a correr. Dijo que ahora las familias viven bajo la incertidumbre de si podrán conseguir trabajo en el futuro.

Su tío Regino Primitivo, añadió que esta situación afecta gravemente a las familias indígenas migrantes ya que en la mayoría de las cuadrillas, frecuentemente laboran hasta 15 integrantes de una misma familia y ahora no cuentan con ningún ingreso para sobrevivir.

El padre de la iglesia Católica San Antonio María Claret, de la diócesis de Fresno, Ralph Berg, se sumó a las voces de los trabajadores despedidos quienes ahora piden que se les permita regresar a sus trabajos, les den un salario justo y se les retribuya por el trabajo que hayan realizado en los últimos tres años como establece la ley, como quedó asentado en la demanda presentada por CRLA.

Armando Elenes, Vicepresidente de la Unión de Campesinos (UFW), comentó que lo sucedido a los trabajadores triquis es una práctica común en la industria agrícola pero casi nadie se atreve a protestar por lo que destacó el valor que tuvieron los jornaleros para exigir un mejor sueldo.

Elenes exhortó al público para que llame a la empresa exigiéndole que recontrate a los trabajadores sin temor de represalias o riesgos de que los despidan. Los teléfonos son: (559) 864 81 86 y (559) 864 36 06.

Por su parte, Rufino Domínguez, Director Ejecutivo del Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño (CBDIO) elogió el valor civil de sus hermanos indígenas oaxaqueños por defender su derecho a un salario justo. Comentó que hasta ahora no se había dado una manifestación en defensa de la justicia por parte de un número similar de trabajadores.

Rufino Domínguez coincidió en señalar que este hecho sólo deja al descubierto las prácticas que por muchos años han puesto en marcha muchos agricultores quienes con frecuencia violan las leyes laborales del estado, aprovechándose de la condición de indefensión en que se encuentran los trabajadores indígenas al estar en el país sin documentos.

Es importante mencionar que el trabajo de la poda es de los más pesados en los campos de uva ya que las ramas secas de las viñas, golpean la cara de los trabajadores debido al rápido ritmo con que tienen que podarlas y amarrarlas para que broten nuevas guías que sostendrán la nueva cosecha de uvas.

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